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¿POR QUÉ “EL ARQUITECTO DE LA CASA”?: DEL PROYECTO AL SERVICIO

 

Una de las características claves de la oferta empresarial de la sociedad digital es pasar de la venta de productos a la de servicios. Los ejemplos son muchos y todos tenemos algunos en la mente; quizá el primero que se nos pueda ocurrir sea el de la  antigua Telefónica convertida en la actual Movistar, proveedora de todo tipo de servicios relacionados con la telefonía, las nuevas tecnologías, el cine, la televisión, etc.  

La rentabilidad del negocio en este salto, el de pasar de vender un producto a, una vez hecha la venta de este, conseguir contratos de servicios relacionados con él es muy clara: los importes de venta son mucho más altos, pero sobre todo es mayor la rentabilidad al reducirse la competencia y al estar situado el antiguo proveedor del producto en una situación privilegiada para ser el mejor ofertante de servicios relacionados con ese producto.

En el sector de los servicios profesionales de la arquitectura ¿cómo y dónde podemos dar el paso de vender un producto/proyecto a conseguir  vender un servicio? En un sector cercano al nuestro, como es el de las empresas constructoras,  llevan años haciéndolo. Especialmente en el ámbito de las oficinas y  los edificios comerciales, tras la finalización de las obras, es muy frecuente que las constructoras oferten para quedarse con los servicios de mantenimiento de los inmuebles.

Hay una línea de negocio a desarrollar por parte de los estudios de arquitectura si con posterioridad a la obra se ofertan los servicios de las direcciones técnicas de mantenimiento de los inmuebles. Dado que a día de hoy, la construcción de inmuebles terciarios no es una de mis especialidades, voy a comentar sobre otro ámbito profesional en el que tengo más experiencia y en el que considero que la venta de servicios de arquitectura es posible, además de muy beneficiosa para el cliente, y que tiene un gran potencial de desarrollo.

Me refiero al concepto del arquitecto conservador de finca urbana o "arquitecto de la casa"  tal y como lo definió el Colegio de Arquitectos de Madrid en una campaña informativa que realizó hace un par de años con la intención de potenciar esta figura. El concepto es muy sencillo, se trata de que los edificios residenciales cuenten con una figura, la de un arquitecto de confianza, al que acudir cada vez que sea necesario.

¿Cuándo puede ser necesaria esa presencia del arquitecto? No cada diez años como marcan las Inspecciones Técnicas de la Edificación, las ITES, sino como sabemos los que nos dedicamos a ellas, con más frecuencia.

Precisamente para prevenir los problemas que se pueden presentar cada diez años, es esencial un trabajo de mantenimiento continuo en los edificios: revisiones según los elementos o instalaciones en los plazos adecuados; registro y documentación de todas las obras que se realizan en la finca,  en los elementos comunes y también en los privados, especialmente en las plantas bajas; ejecución de obras de mantenimiento; reparación de averías; mejoras de accesibilidad y de eficiencia energética…

 
Ilustración: Johana Kowalewski

Ilustración: Johana Kowalewski

 

El mantenimiento de los inmuebles ahorra costes a medio plazo a las propiedades, además de proporcionar seguridad en cuanto al estado físico del inmueble.

Somos ya bastantes los arquitectos convencidos de que la figura del arquitecto conservador del inmueble, hasta ahora casi reservada a los edificios de la administración, puede extenderse a las fincas urbanas residenciales, y que ello supondría para nuestro colectivo una fuente de trabajo, un camino de especialización. 

Nos falta quizá lo más difícil, conseguir que las propiedades de estos inmuebles vean los beneficios de este trabajo. Pero estoy convencido de que es difícil solo porque supone vencer una inercia adquirida: la de no invertir en el mantenimiento de los inmuebles; pero no por los beneficios claros de hacer esa inversión y sobre todo de que esta sea dirigida por un profesional: el “arquitecto de la casa”.

 
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